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sábado, 8 de agosto de 2009

Pedos

En cierta ocasión rodeaban a la reina de un poderoso país, un diplomático mexicano y otros caballeros que lucían ostentosas condecoraciones, cuando de pronto aconteció algo, la reina no pudo reprimir una silbante cornetilla (pedo); sin embargo no tuvo siquiera oportunidad de disculparse, pues el embajador de Francia se adelantó y dijo: Pido indulgencia por mi falta incalificable; mas debo confesar que durante la guerra del catorce contraje una enfermedad que me produce terribles bochornos como el de este momento.
Transcurren pocos minutos y la soberana repite el acto. Esta vez se anticipa el delegado de España para solicitar disculpa: Demando perdón de sus excelencias, pero mi salud se halla afectada; solo el deber de cumplir con mi nación me ha hecho acudir a esta agradable tertulia. El digno representante mexicano (adolecido de escasa habilidad política, pero sin desmerecer ante nadie por lo que respecta a educación y buenas maneras), habiendo escuchado lo anterior, se dirigió a los presentes: El próximo pedo que se tire la reina corre, completamente, a cargo de la embajada de mi país".

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